Como sigo orden cronológico, tengo que escribir de nuestra primera visita a
París que fue a finales de septiembre. El título cuando terminéis de leer la entrada lo entenderéis fácilmente, se resume rápido, ya que sólo con decir que estuvimos sólo una noche allí y vimos "lo importante" de la ciudad veis lo express que fue, y lo poco cansados que terminamos (sobretodo el viernes...).
Bueno pues empezamos, así de imprevisto decidimos un miércoles ir a París ese mismo viernes (seguro que si lo planeamos con más tiempo no vamos). Buscando hostales decentes y que tuvieran sitio para los siete que íbamos, así empezó la aventura, todo un poco precipitado pero ya se sabe que lo no planeado muchas veces sale perfecto, y así fue. Tras varias indecisiones de horario de salida de Troyes (nuestra pequeña ciudad francesa) finalmente escogimos salir a las 6 de la mañana, un horario de locos que nos hizo aprovechar al 100% el viernes en París.

Llegamos allí y tras conseguir un mapa (ahí tuvimos una lucidez buena) pusimos rumbo a... bueno pusimos rumbo y recuerdo que terminamos sentados en unas sillas de metal observando una fuente, como buenos turistas haciendo un poco lo que mejor se nos da, "el listo" con fotos y demás. Una de las primeras visitas fue el
Louvre, muy buena esta por cierto, entramos, vimos la mona lisa y salimos, todo esto en un período de tiempo no superior a 20 minutos, nos encantó el
Louvre, espectacular.
Después de ver a fondo nuestro museo favorito y de resistir las ganas de entrar en todas las tiendas de la
Rue de Rivoli, andamos buscando la catedral, conocida por todos gracias a la novela y también película de disney "
El jorobado de Notre dame", pues eso, que fuimos a
Notre dame, que me enrollo sola. Como nos pillaba de camino paramos en el famoso puente del amor, repleto de candados con promesas infinitas de enamorados (en verdad llegamos allí por casualidad), y bueno tras echarnos las
fotos reglamentarias en grupo, y las individuales, logramos avanzar (aproximadamente 1h después) ya definitivamente a la catedral.

Llegamos allí con muchas ganas de conocerla entera tanto por fuera como por dentro, estas ganas se vieron reflejadas en el salto de cola que hicimos al entrar, ya que decidimos tomar la entrada para la gente que iba a escuchar la misa y en vez de 45min tardamos 3min! (si es que cuando pensamos...). Después de ver las preciosas vidrieras ( y no, esto no es ironía) y conocer por dentro el templo, a varias cabecitas pensantes e inteligentes del grupo se nos ocurrió subir hasta el final de la torre para verlo todo, si, para verlo todo y hacer una hora de cola (amenizada con bocadillos varios) para subir 420 escaleras (este detalle no lo conocíamos, claro). Debo decir que aunque mis quejas son exageradas, París se veía
infinito e increíble desde ahí arriba, y a los deportistas les recomiendo subir por supuesto, a los que os gusta el deporte pero desde el sofá os recomendaría varias botellas de agua y paciencia, mucha paciencia.
Bueno, cuando bajamos tengo que mencionar la visita que tuve de Raquel, amiga mía y de Esther de la universidad que está de Erasmus allí, mucha ilusión nos hizo verle y compartir el resto del viaje con ella también, así que a partir de ahora está incluida en todo lo que escriba.

Continuamos con el camino, esta vez sin rumbo definido, novedad en nosotros ya que siempre llevamos todo planeado al pie de la letra y no se nos escapa nada. Creo recordar que terminamos en un barrio, cerca de la famosa universidad de la
Sorbona, comiendo creps (otra novedad, comiendo). No sé muy bien cómo terminamos en un parque, con la mitad del grupo dormido y la otra mitad mirando al cielo, reflexionando sobre lo bella que es la vida (teniendo en cuenta que llevábamos desde las 5 en pie, no era raro dormir una buena siesta española). Tras las cabezaditas nos fuimos para
Montmartre, barrio que, en general puedo decir que nos encantó,. Con mezcla de gentes, y con unas vistas preciosas desde la altura de París (he de decir que esta vez la altura la subimos en "ascensor", ya habíamos espabilado), visitamos el
Sacre Coeur y esquivamos a unos cuantos "pintores abusivos" que quieren retratarte a toda costa, sabemos que somos guapos, pero por si acaso nos lo recuerdan. Ya caía la tarde y pusimos rumbo al barrio rojo de la ciudad del amor, al lado oscuro del París romántico, con sex shops a montones y prostíbulos a tutiplén, no penséis mal, fuimos porque queríamos ver el famoso
Moulin Rouge, y como imaginaréis ya conociéndonos un poco, echarnos una foto con él de fondo. Ya visto todo esto decidimos buscar el hostal que habíamos reservado, si, buscarlo porque en ese momento no sabíamos aun donde estaba exactamente.
Llegamos a nuestro querido "
Young and Happy" (lo de querido ya lo entenderéis más adelante) y descansamos un rato para coger fuerzas, ahora es cuando todos pensáis que íbamos a seguir haciendo ruta, pero no, queríamos coger fuerzas para el
McDonald's un gran amigo que nos está acompañando en todas nuestras aventuras. Lo que viene después puedo saltármelo, empachos varios por parte de todos y tal y cual... Y con la barriga llena nos fuimos para la
Torre Eiffel, había que verla de cerca e iluminada, y terminar la noche de viernes como dios manda, en el césped de enfrente tomando champán, brindando por nosotros, por nuestra amistad. Y aquí termina el primer viernes juntos en París, bueno, no del todo, quería omitir esta parte por vergüenza, pero como creo que ya la he perdido así que mencionaré mis caídas en el metro al subir y bajar escaleras en la vuelta a casa, propiciadas por mi cansancio (de torpe nada jaja), y así felizmente nos dispusimos a dormir juntitos en las literas de la habitación de la última planta (sin ascensor) del hostal.

Amanece el sábado y con él todos dormidos, menos creo recordar 3 valientes que bajaron a desayunar, los demás preferimos media hora más de sueño. Después de espabilar uno a uno, nos fuimos al Starbucks más próximo a por un café (que equivale a 3) y energía para todo el día. Cogimos el metro de nuevo (esta vez sin tropiezos) y pusimos rumbo a "
Champs Elysees" y "
Arc de Triomphe". En los campos elyseos poca cosa que contar, paseos y paseos, ah bueno y fotos claro, fotos. Y bueno, pasamos por una de las zonas más lujosas de París, viendo coches impresionantes y tiendas de marca con precios desorbitados, hasta por fin llegar al arco y tener, una vez más, la intriga de verlo desde arriba (Quién dijo miedo después de notre dame?) y ahí fuimos, a subir unas 300 escaleras, ole nosotros. Terminamos la visita al arco del triunfo con una sentada debajo de él, que no se notaba el cansancio no, y decidiendo dónde ir a comer, (uno de los dilemas que nos acompañará en todos nuestros viajes y se terminará donde siempre) si nos conocéis un poco podéis imaginaros donde comimos, no fue McDonalds no, fue Quick (el hermano pequeño de McDonalds).
Y para terminar el sábado antes de volver a casa, pasamos la tarde en el césped de la
Torre Eiffel, que aunque fuese septiembre, se me ha olvidado mencionar que hacía un tiempo de locos, mucho sol y buena temperatura, así que qué mejor que estar tirados con esas vistas de la torre... eso pensamos y eso hicimos! Y aquí terminó nuestro viaje, lleno de aventuras y
buena gente, como siempre.
Unos breves apuntes antes de cerrar la entrada, al día siguiente Marta se despertó con un millon de granos, suponemos que por algún tipo de alergia o insecto que le quiere mucho, a medida que avance escribiendo comprobaréis que no es la primera vez que le pasa y que puede que tenga mucho que ver con colchones jajaja.
Primer fin de semana juntos superado, y
¡nos aguantamos perfectamente! (algo que irá cambiando, a causa del aumento de confianza claro) jajajaja