Siguiente entrada, esta vez para relatar un fin de semana muy muy intenso, y muy bueno también, por supuesto! Había que tener energía para empezar con esto, que hay bastante que contar y alguna que otra anécdota que remarcar. Fue un finde que terminó siendo más que completo, ya que lo planeado solamente fue
Amsterdam, pero
Disney y la oferta de la universidad eran imposibles de rechazar, así que allí que fuimos.

Empezamos con el día 1 de noviembre, empezando el
puente de los santos madrugando (no exagero por ser española, las 06:30 am un viernes son un castigo) para coger el autobús hasta
DisneyLand París. Con caras de sueño ( de algunos valientes que salieron el día anterior de Halloween) y algún percance que otro antes de llegar al autobús (percance como olvidarnos Esther y yo el billete de autobús a Amsterdam), por fin pusimos rumbo a nuestro destino. Viaje de dos horas del que tengo poco que contar, bueno he de señalar que fui la más despierta y puedo marcar algunas cosas curiosas de cada uno, Irina es capaz de dormirse con la música al 100, Marta tiene el oído fino (y la de detrás suyo los ronquidos muy fuertes), Germán es un ceporro (literal, todo el viaje dormido), María y Wolf muy formalitos (con pintura en la cara del disfraz del día anterior) y Esther con tortícolis (me imagino, porque su postura de cuello era más que curiosa).
Volviendo al tema, que desvarío, llegamos al parque temático y empezamos nuestro día intenso, con alguna foto que otra y bueno lo típico, cogiendo planos y demás para ver qué hacíamos, y empezamos la ruta con la primera atracción
Space Mountain, que en general puedo decir que nos gustó mucho (algunas se quedaron sin voz, y otras sin pendiente). Después de esto viene lo bueno, la
indecisión y el tema de ponernos de acuerdo, lo que más nos gusta vamos, algunos decidimos comernos un bocadillo mientras (el cual terminamos sin todavía saber a donde ir) y bueno entre camino y camino de atracción en atracción como si de niños de 10 años se tratase, la menda vio una cara conocida. Sólo bastaron 3 segundos en los que dije: ¡Es el del programa de Ana Rosa! para comenzar la persecución al susodicho, con gritos de Esther : ¡
Joaquín, Joaaaaquíiiiiiiiiiiiiiiiiin, Joaaaaaaquíiiiiiiiiin! (como si de su tío se tratase), después de llamar su atención de una forma más que suficiente, foto con el famosete y todas las chicas contentas, podíamos continuar la ruta. El resto de
DisneyLand no sé si puedo enrollarme contándolo, colas no muy largas, indecisiones, atracciones y más atracciones bajo una leve lluvia chispeante, tiendas y comida en
Mcdonald's (restaurante del que somos accionistas mayoritarios). Y una vez terminado el día con un cansancio considerable, nos dirigimos a coger el tren que nos dejaría en el centro de París para poner rumbo al siguiente destino: Amsterdam. Y si, como estaréis pensando, nuestro puente fue de todo menos tranquilito, "de un viaje a otro y tiro porque me toca".
Suerte comenzar el siguiente
viaje de forma gratuita, todavía no sabemos por qué cuando íbamos a comprar el billete de la máquina de trenes, un encargado vino diciendo que el siguiente era "free". ¡Genial! todos corriendo y a formar sentada en el tren, sentada literal, que el que no tenía hueco en los asientos (quien dice asientos dice escaleras para interrumpir el paso) se sentó en el suelo, y así contándonos (una vez más) la vida universitaria de cada uno, pasó el viaje y llegamos a la parada del autobús, bus que nos esperaba para recorrer
8 horitas nada más y nada menos. 8 horas un tanto moviditas, bueno tengo que matizar, moviditas para algunos, otros como Irina, Germán, María y Nacho, durmieron plácidamente, algunos de manera tan profunda que no se enteraron ni de paradas ni de voces del conductor, sí, son dignos de admiración y el cansancio hacía mella. Otros, véase Marta, no lo pasaron también e hicieron miniviajes durante el viaje, si, miniviajes al baño, la pobre se mareaba continuamente y Wolf como no sabía de qué manera ayudarle me despertó pidiendo agua, agua que nunca llegaría ya que mi contestación fue: Eh?? el agua esta lejos. Tan lejos que solamente tenía que mover el brazo, pero Marta has de perdonarme, el sueño pudo con todo.

Nada más relevante que contar (y que hubiera contado algo interesante eh?) y llegamos de noche a la ciudad holandesa.
Tranvía y al centro a buscar el hostal, instalarnos y empezar la ruta. Empezamos el día desayunando en
McCafé (si, es
McDonald's pero sonaba mejor,
primera visita) llenando la barriga y después, un tour peculiar por toda la ciudad en español con un guía digamos también peculiar, no voy a entrar en detalles que el debate quedó en Amsterdam y allí seguirá.
Tour por la ciudad, vista ligera al
barrio rojo, casa de
Ana Frank, iglesias varias, y con la ruta ya estábamos preparados para empezar el camino solos. Pero surgió la duda, si, era la hora de comer. Y como todos estaréis pensando, no sabíamos donde ir. Paseando por calles y observando restaurantes y demás, empezaron las propuestas de todo tipo, que si platos combinados con y Marta su parada frente a un "restaurante" de mala pinta añadiendo: "Los sitios que tienen mala pinta luego son los mejores", risas y seguimos el trayecto, más paradas, pizzerías, perritos calientes.... Y más indecisión. ¿Dónde pensáis que terminamos? Se aceptan apuestas, lo pongo facilito, empieza por M y ya hemos ido más de una y dos veces. Sí,
McDonald's, bueno miento, no todos, los chicos terminaron en el KFC, variante del susodicho, tampoco hay mucha diferencia. Y bueno, aconsejo señalar las veces que visitamos el restaurante de comida rápida durante el fin de semana, es más que gracioso, a la vez que preocupante jaja. Esta vez, fue ya la
segunda visita. Por la tarde si no recuerdo mal, siesta, siesta y más siesta (media hora na más, pero qué bien suena la palabra siesta), había que coger energía para la noche, aunque no fuera de descontrol. Y quedada en el hostal para poner rumbo al barrio rojo, y al
coffe shop, sí, somos muy buenos y responsables, pero visitando Amsterdam las malas lenguas dicen que si no entras te multan, algo parecido al
McDonald's con nosotros vamos, luego lo entenderéis. Y allí fuimos, al más conocido (o eso creo)
Bulldog para comprar sustancias y otro sitio más tranquilito para fumar y después de risas que malamente recuerdo (ya ha pasado un mesecillo) a cenar, nooooo, esta vez
McDonald's casi nos multa porque cenamos en una pizzería, digo casi, porque no contentos con haber cambiado de lugar, fuimos después a tomar el postre allí, un rico McFlurry. Y a dormir como angelitos y de manera profunda, somnífero increíble el de esta ciudad ;).

Amanece un nuevo día en la
ciudad de la tolerancia (o eso nos dijeron) y quedada en las típicas letras
"I amsterdam", para el reportaje fotográfico correspondiente, que no sólo le gustan las fotos a Marta, todo hay que decirlo. Paseito por la ciudad y... Parada en
coffe shop por la mañana (habéis leído bien, por la mañana) para alegrar el día y terminar un poco con las
tensiones, que aunque no lo haya dicho tantas horas juntos hicieron de las suyas, y la solución que encontramos a las discrepancias fue o bien la comida, o bien los
coffe shops. Cuántas bobadas pudimos decir esa mañana, existe hasta un vídeo que lo verifica, titulado "lo que los hombres creen que tienen" para más detalles, hablad con Irina la fina, propietaria de los derechos de imagen y autor.
¡Qué alegría, qué alboroto, y salimos del coffe como una moto! Empezamos sin duda muy bien la mañana, y recomiendo a los que aun no conocéis la ciudad o el país, que probéis de todo, excepto los chupachuses "especiales", malísimos. Llega la hora de comer, tras alguna fotillo que otra más, y vuelta a la indecisión, paso de extenderme en este tema, voy al grano, terminamos en
McDonald's (Cuarta vez chicos). Llega la tarde y pronto cae el sol, no teníamos planes y nadie sabía mucho que hacer con su vida, en la ciudad muchas cosas que ver no hay la verdad (No penséis mal que nos encantó eh?) y bueno, como uno quería dormir, otro ver la fábrica de Heineken, otra hacerse fotos (sí esta es Marta), otras ver el museo del sexo y otros no teníamos ni idea de qué hacer... pues nos separamos esa tarde. Cada uno con sus planes, aunque tampoco mucho tiempo separados, poco después ya fuimos a cenar a una pizzería (no tan buena como la del día anterior) y por supuesto, a terminar nuestro fin de semana en la ciudad en otro
coffe shop! Este fue el mejor (o por lo menos del que más me acuerdo), tonterías varias con el "súper de Gran Hermano" con nosotros, puertas que se cierran solas, risas y más risas... Aiiii cuánta nostalgia y
qué bien lo pasamos.
Terminado el día y casi el viaje (a Holanda, que el resto se alargó..), a dormir nuestra última noche en el hostal y en la ciudad. Despertamos con alegría, o bueno rectifico, solo despertamos relativamente descansados y de camino al autobús que nos "llevaría a casa", entrecomillado muy adecuado, ya que solo nos llevó a París y allí quedamos.
Esperando el bus optimistas, ya que nos dijeron que se retrasaba pero no teníamos miedo, había una hora de margen para poder llegar al último tren París-Troyes, tuvimos que dejar el optimismo en Germán, a los demás no se nos da bien serlo la verdad. 3 horitas, nada más y nada menos, se retrasó el autobús, y las horas de espera es que me siento obligada a relatarlas,
de película. En una especie de
refugio donde vendían "comida", o no sé como llamarlo, sitio donde corre el aire y hay un tejado de plástico y cuatro "encargados" hacen cosas extrañas en freidoras sin limpiar desde el año 1890, con tres perros alrededor de gran tamaño y gente que, como nosotros, tenía que esperar (Dudo que gente que tuviera otras cosas que hacer fuese a tomar algo con amigos allí). En fin, por fin llegó la hora y el autobús. Después de otras 8 horas de viaje, conocer Bélgica y su capital (desde el ventanal del autobús)y halagar a nuestro ministro de educación español Wert (fue el día que quitó las becas erasmus para luego tener que rectificar), llegamos a nuestro destino, París. No el París bonito y romántico, París
sin tren a Troyes hasta el día siguiente y sin un sitio donde dormir (suena bien eh?). Tras barajar soluciones inviables y fantasiosas, decidimos pensar con la cabeza e ir a nuestro
hostal preferido, al que más quiere Marta,
Young and Happy por segunda vez. Y aquí, aunque no os lo creáis ya termina el viaje, con un desayuno de empacho y un viajecito en tren hasta nuestro querida ciudad, a la que cuatro días después
¡por fin llegamos!
Debo apuntar que Esther y yo viajamos gracias a ellos, no tengo que decir ni explicar por qués, no es necesario, esta vez sólo diré
GRACIAS una vez más.
Y como
posdata, vuelvo a nombrar a Marta, la cual sufrió reacción alérgica con sus correspondientes granos al día siguiente de dormir en nuestro hostal preferido. jajajaja pobre...